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China incorpora 170.000 hectáreas a la agricultura para la producción agroalimentaria


El objetivo principal es profundizar la seguridad alimentaria de su población de 1.400 millones de personas.


Por Fabián Pizarro


China ha decidido ampliar en 170.000 hectáreas la superficie de 120 millones de hectáreas que históricamente ha destinado en forma obligatoria a la producción agroalimentaria, fundamentalmente soja y maíz.


El objetivo principal es profundizar la seguridad alimentaria de su población de 1.400 millones de personas, lo que implica ante todo reducir el porcentaje de las importaciones, que crecen a una tasa de 16.4% anual en los últimos cinco años y que responden ya por más de 34% del total de la demanda doméstica de alimentos, que aumenta incesantemente arrastrada por el auge sistemático del ingreso per cápita de su población, que se eleva a un promedio de 8.1% anual en los últimos 40 años.


El autoabastecimiento alimentario de la República Popular significa que el año pasado produjo 658 millones de toneladas de granos, la mayor cosecha del mundo, pero al mismo tiempo se vio obligada a importar más de 115 millones de toneladas de soja y maíz, que provienen fundamentalmente de 3 países: EEUU, Brasil, y la Argentina.


Conviene señalar que la soja es el principal sustento de su población animal, constituida por más de 600 millones de cabezas de ganado porcino.


El cálculo del gobierno de Beijing es que tres cuartas partes de la soja que consume la República Popular proviene de EE.UU. y Brasil, y lo mismo ocurre con el 10 por ciento del maíz que en los últimos 10 años ha comenzado a importar con creciente celeridad.

En otros términos, las importaciones de soja y maíz han aumentado más de 10 puntos en menos de una década.


Todas las medidas de política económica que formula y ejecuta la República Popular en esta etapa histórica están directamente vinculadas con la agudización que se experimenta de la puja geopolítica con EE.UU.


En este momento eso significa que el gobierno del Presidente Xi Jinping asume como riesgo mayor la posibilidad de una repentina disrupción en la provisión de alimentos importados.Esta percepción esencial se revela ante todo en la necesidad de controlar, lo que significa primordialmente reducir, en el mediano plazo, las compras de agro alimentos en el exterior.


El nivel creciente de importaciones agroalimentarias se ha convertido en una cuestión de seguridad nacional para el gobierno chino, en el contexto del enfrentamiento agudizado del conflicto geopolítico y estratégico con EE.UU.


Siempre y en todos los casos, China se prepara para enfrentar “la peor hipótesis”, que en el caso específico de las importaciones agroalimentarias significa ante todo la súbita interrupción de las exportaciones norteamericanas. Xi Jinping, como toda la dirigencia china, se ha forjado en la escuela estratégica de Mao Tse Tung, que desarrolló una visión basada en la experiencia de una guerra de carácter prolongado, de largo plazo, en la que “lo peor” siempre puede ocurrir.


La civilización china de 5.000 años de historia muestra con claridad que lo que derrumba dinastías a lo largo de su conflictiva trayectoria son las insurrecciones campesinas provocadas por la falta de alimentos; y la última de las dinastías reinantes en China es la vigente desde el 1 de octubre de 1949, que es la República Popular fundada por Mao Tse Tung.


Conviene señalar que el dato estructural básico de la agricultura china encargada de alimentar a la segunda población del mundo después de India (que representa 25% del total mundial), es que solo dispone de 9% de las tierras fértiles del mundo aptas para la labrantía.

Además, en los últimos 10 años el agro de la República Popular ha excedido una producción de 400 Kg per cápita anuales para su población de 1400 millones de habitantes, lo que constituye una cifra superior al estándar mundial de autosuficiencia alimentaria, establecido por la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y el Desarrollo).


Esto implica que hay una tendencia estructural a la sobreexplotación de los 120 millones de hectáreas, establecidas obligatoriamente para la producción agroalimentaria. De ahí su ampliación de 170.000 hectáreas decidida este año.


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