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  • Fabián Pizarro Arcos

Cultura: Elementos chinos en la literatura latinoamericana

La presencia de la cultura china es evidente en los detalles cotidianos de la vida y en las obras artísticas que nutren el espíritu de la población latinoamericana.


Por Meng Xiayun , Revista China Hoy


Hace más de 500 años, Cristóbal Colón soñaba con llegar a la costa este de Asia y buscar las exóticas civilizaciones orientales descritas por Marco Polo. Después de descubrir el Nuevo Mundo, se estableció un comercio marítimo entre la actual región de América Latina y China. La porcelana, la seda, las especias, las joyas, el té y las obras de arte chinas cruzaron los océanos y llegaron a América Latina a través de los barcos de vela desde Manila. Los primeros migrantes chinos llevaron consigo elementos adicionales de la cultura china, lo que enriqueció aún más la civilización latinoamericana.


Hoy en día, las culturas plurales en América Latina florecen y conviven armoniosamente. La presencia de la cultura china es evidente en los detalles cotidianos de la vida y en las obras artísticas que nutren el espíritu de la población latinoamericana. Restaurantes, supermercados chinos, consultorios de medicina china, escuelas y colegios de chino mandarín, dispersos por las calles, influyen de manera imperceptible en la comprensión y percepción de la población local sobre China. Los elementos chinos en las obras literarias y artísticas despiertan la admiración y la fantasía hacia esta antigua civilización oriental. La cultura china es una rica fuente de inspiración para los escritores latinoamericanos.


Imágenes con infinito significado 


Uno de los pioneros del modernismo literario en América Latina, el nicaragüense Rubén Darío (1867-1916), abrazaba el simbolismo estético, buscaba el exotismo y disfrutaba de la descripción de lujosos palacios europeos y objetos florales orientales. En sus poemas, novelas y ensayos, los temas chinos eran elementos fundamentales para construir el espacio de la imaginación del escritor. En sus poemas aparecen con frecuencia imágenes típicas de China como “jarrones de porcelana”, “seda”, “raso” y “oro”, como se refleja vívidamente en su poema Divagación.


Además, en las novelas y ensayos de Darío, se encuentran frecuentemente imágenes chinas elegantes y hermosas. En Azul describe con detalle: “En el palacio había festín, y la luz de las arañas reía alegre sobre los mármoles, sobre el oro y sobre las túnicas de los mandarines de las viejas porcelanas”. Frente a una estatua de cerámica de medio cuerpo que combina la belleza artística y la natural, el escritor expresa su admiración por la exquisita artesanía oriental: “¿Qué manos de artista asiático habían modelado aquellas formas atrayentes de misterio?”.


No solo las representaciones de Rubén Darío de las imágenes chinas son vívidas y evocativas, sino que Octavio Paz, ganador del Premio Nobel de Literatura y poeta mexicano (1914-1998), también tenía un profundo conocimiento de la cultura china y era hábil para retratar escenas chinas con una elegancia atmosférica.


Paz, uno de los primeros poetas latinoamericanos en conectarse con la cultura china, no solo tradujo al español las obras de poetas chinos como Zhuangzi, Li Bai, Du Fu, Wang Wei y Su Dongpo, sino que también incorporó y se inspiró en la poesía clásica china. En el poema Ejemplo, Octavio Paz emplea la leyenda Zhuangzi y la mariposa de manera sugestiva: “La mariposa volaba entre los autos. / Marie José me dijo: ha de ser Zhuangzi / de paso por Nueva York. Pero la mariposa / no sabía que era mariposa / que soñaba ser Zhuangzi / o Zhuangzi que soñaba ser una mariposa. / La mariposa no dudaba: volaba”. A través de la asociación entre la mariposa y Zhuangzi, el poeta incita a los lectores a reflexionar sobre la realidad y el sueño, los cambios en la vida y la incertidumbre, así como la existencia y la desaparición en un contexto filosófico.


Sentimientos conmovedores 


A diferencia de las diversas y ricas imágenes chinas presentes en las obras de Rubén Darío y Octavio Paz, las creaciones del poeta chileno Pablo Neruda (1904-1973) que abordan temas chinos reflejan su profundo afecto por China. A lo largo de su vida, Neruda escribió numerosos poemas que elogiaban a su patria y respaldaban las luchas revolucionarias de los pueblos del mundo. Visitó China en tres ocasiones, en las que mostró un interés y apoyo constantes a la revolución y construcción del país. El poeta plasmó su admiración por la resistencia y la unidad del pueblo chino contra sus enemigos en el extenso poema Para ti las espigas, en el que exalta su espíritu indomable: “República, ¡extendiste tus anchos brazos por todo tu cuerpo y fundaste la paz en tu destino!”.


Neruda, quien forjó una amistad con poetas chinos como Ai Qing y Xiao San, escribió el conmovedor El gigante, donde elogia la “integridad” de China y exalta “su arroz, su pan, su tierra, su morada”, junto con la “vasta tierra y unidad”. Orgulloso de los cambios auspiciosos y el renacimiento de China, Neruda destaca la transparencia moral de la sociedad china, y con entusiasmo proclama en su poema: “De mar a mar, de tierra a nieve, todos los hombres te contemplan, China. ¡Qué poderosa hermana joven nos ha nacido!”, para que el mundo lo escuche alto y claro.


El escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986), conocido en toda China, admiró profundamente al país a lo largo de toda su vida. Sus obras, con una visión amplia y un estilo único, a menudo incorporan la filosofía china y el pensamiento taoísta. Es lamentable que Borges nunca haya visitado China. Quizás para compensar esta ausencia, imaginó viajar por el país y recorrer la Gran Muralla con un bastón de laca comprado en el Barrio Chino. Expresó que: “Incluso he soñado con que un día visitaría China. Aunque me he quedado ciego, sería maravilloso poder palpar la Gran Muralla”. En su poema El bastón de laca, Borges fantasea con una lejana y mágica nación oriental, donde se encuentran la grandiosa Gran Muralla, los sueños de Zhuangzi, hábiles artesanos y los sesenta y cuatro hexagramas. Las vívidas imágenes chinas plasmadas en su obra reflejan la admiración y la amistad del escritor hacia China.


Borges fue un apasionado de la cultura y literatura chinas y un defensor de la filosofía taoísta. Absorbió el pensamiento filosófico tradicional chino de obras como Zhuangzi y Dao De Jing (Libro del curso y de la virtud), y se inspiró en la literatura clásica china, como Shijing (Libro de las odas), Sueño en el pabellón rojo y Bandidos del pantano, al crear muchas novelas que incorporaban elementos chinos. En la novela corta más famosa del autor, El jardín de los senderos que se bifurcan, el diálogo entre el protagonista chino Yu Zhun (Yu Tsun) y el sabio sinólogo Albert sobre la novela de Ts’ui Pên, el jardín de estilo chino donde vive Albert, la música china que suena en el pabellón y los elementos en la biblioteca como el fénix de bronce y el jarrón de porcelana roja, todas son manifestaciones concretas de la cultura china. Bajo la pluma de Borges, Ts’ui Pên anhelaba escribir una novela con más personajes que los de Sueño en el pabellón rojo y construir un laberinto del cual nadie pudiera escapar.


En el proceso de la globalización 


En los últimos años, la narrativa de los escritores latinoamericanos sobre China ha evolucionado con el tiempo. Su creciente interés en la cultura china está estrechamente relacionado con la creciente amistad entre la cálida tierra de América Latina y China, así como con el aumento constante del estatus internacional de China.


El escritor argentino César Aira (1949) es considerado uno de los novelistas contemporáneos más innovadores de América Latina después de Borges, y sus obras muestran un fuerte interés en China y la cultura oriental. La novela El mármol tiene como telón de fondo un supermercado chino con próspero desarrollo en Buenos Aires. El desencantado protagonista “yo”, al pagar en el supermercado chino, se ve obligado a recibir objetos baratos, ya que el cajero chino no tiene suficiente cambio. Cuando “yo” sale del supermercado, esos objetos que originalmente pensaba que no tenían ningún valor inician un mágico viaje de aventuras, y “yo” gradualmente entabla una amistad con el cajero. A través de la perspectiva del protagonista argentino, el autor va corrigiendo algunas ideas preconcebidas sobre China, lo que simboliza la transformación de una comprensión errónea sobre China a una cierta admiración del país en la era de la globalización.

El escritor brasileño Bernardo Carvalho (1960) refleja en su novela Reproducción su comprensión y conocimiento de la sociedad y la cultura contemporáneas de China. El protagonista, “yo”, es un desempleado financiero brasileño que está aprendiendo chino, pues considera que será el idioma universal del futuro. La novela, narrada en primera persona, explora temas como el lenguaje, la cultura, las elecciones de vida y la relación entre el individuo y el mundo. Las aventuras y exploraciones internas del protagonista se presentan de manera completa en una trama emocionante y fluctuante.


Desde las ricas imágenes chinas presentes en las obras de Rubén Darío y Octavio Paz, pasando por los sentimientos sinceros y conmovedores bajo la pluma de Pablo Neruda y Jorge Luis Borges, hasta la imagen globalizada de China en las obras de César Aira y Bernardo Carvalho, los elementos chinos brillan como estrellas en el colorido mundo de la literatura contemporánea latinoamericana.


*Meng Xiayun es directora del Centro de Estudios de los Países Hispanohablantes de la Universidad de Asuntos Exteriores de China.


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