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Opinión: China y los valores comunes de la humanidad.

Por Fernando Reyes Matta, ex embajador en China.


“Como un país grande y responsable, China defiende los valores comunes de la humanidad, incluidos la paz, el desarrollo, la equidad, la justicia, la democracia y libertad.”


Al cumplir sus 100 años de existencia el Partido Comunista de China hizo un análisis profundo de sus aportes al desarrollo del país y definió las metas para el segundo centenario. Todo ello quedó consignado en el documento “La Gobernación y Administración de China”, el cual es necesario leer desde el resto del mundo con especial interés. Son allí múltiples los pasos que el PCCh se propone impulsar para hacer de China un país socialista moderno y avanzado. Es un texto impregnado de aquellos dos conceptos que el pueblo chino tiene como sabiduría central de su devenir: la innovación y la tradición.


Mirado desde el exterior resulta muy importante leer en todos sus alcances lo que dice el punto 12: “Como un país grande y responsable, China defiende los valores comunes de la humanidad, incluidos la paz, el desarrollo, la equidad, la justicia, la democracia y libertad. Seguimos el principio de lograr un crecimiento compartido a través de la consulta y la colaboración en la gobernanza mundial, y nos comprometemos con el desarrollo pacífico, abierto, colaborativo y común”.


Este texto breve, está lleno de desafíos para la buena marcha del siglo XXI. Por una parte, señala que el concepto de Suma Cero (Yo gano, tú pierdes), bajo el cual hasta hoy algunos entienden su forma de gobernar el mundo y concebir el desarrollo, sólo ha traído conflictos y pugnas dolorosas para hombres y mujeres de todos los continentes. Cuando China propone trabajar desde los valores comunes de la humanidad está señalando que la única forma de lograr un cambio profundo, para avanzar hacia un nuevo desarrollo, es cooperar. Dejar atrás los Juegos de Suma Cero y sustituirlos por Juegos de Suma Positiva (Yo Gano y Tú ganas). Como enfatizan con frecuencia los líderes chinos, el axioma “Win-Win” debería formar parte indiscutible de nuestros valores si queremos triunfar frente a la pobreza, el desempleo, el hambre de tanto y una nueva calidad de vida para una humanidad que ya llega a los 8.000 millones de habitantes.


Cuando se habla de “valores comunes” también subyace la idea que esta humanidad tiene identidades distintas, culturas y tradiciones diversas desde las cuales cada país concurre a la tarea de “lo común”. No es lo mismo ser chino que latinoamericano. Y eso, sin embargo, no cabe tomarlo como un obstáculo sino como una oportunidad. La diversidad aporta experiencias, determina miradas desde distintos ángulos sobre un objetivo común. Lo importante es tener presente que en este tiempo de la Era Digital ya en marcha, el diálogo para la cooperación se hace cada vez más obvio y necesario. Ello, por cierto, reclama un prerrequisito: saber respetar al otro. Respetarlo en su cultura, en sus visiones filosóficas. Todos sabemos que en Occidente las bases del pensamiento tienen como núcleo central el “yo”, el “quién soy”. En Oriente el centro del pensamiento está en el “nosotros” y en el devenir, dentro de una historia común.


Si se piensa en trabajar por la paz, el desarrollo, la equidad y otros valores bajo la lógica de la colaboración en la gobernanza global, emerge de inmediato la pregunta: ¿dónde y cómo hacerlo? La respuesta está en la práctica de lo multilateral. Naciones Unidas ha sido un escenario clave, pero es evidente que esa gran entidad mundial está siendo desbordada por la realidad. Estamos avanzando hacia una geopolítica donde la interacción entre los países reclama tener foros sólidos en sus decisiones y en la aplicación de sus acuerdos. Pueden ser públicos y privados. Pueden ser regionales o globales. Pueden ser para desarrollos económicos o para acuerdos de cooperación científica en favor de la humanidad. La pandemia ha dejado huellas profundas y aún está presente, para decirnos que frente a los grandes desafíos globales la respuesta positiva debe venir del diálogo y el trabajo colectivo.

Un desafío similar plantea el cambio climático. Y es alentador que, no obstante sus diferencias y confrontaciones, en el último encuentro de los presidentes de China y Estados Unidos, estos dejaron abiertos los canales de comunicación para tratar de manera colaborativa este tema. Como ya más de un intelectual ha señalado, somos la primera generación que puede eliminar el hambre y la pobreza, pero también la que puede destruir irremediablemente la vida en este planeta. Suena catastrófico, pero también es una señal de alerta para decir cuán grande es el desafío y cuan urgente es trabajar juntos en encontrar soluciones.


En su reciente participación en la Asamblea General de Naciones Unidas, el Consejero de Estado y Ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, señaló que “frente a la constante aparición de los desafíos globales, nuestra fuerza más poderosa proviene de la solidaridad, nuestra mejor estrategia es mantenernos unidos en las buenas y en las malas, y la perspectiva más brillante es la cooperación de ganancias compartidas. Es natural que a veces haya problemas y diferencias entre países, y hemos de acrecentar el entendimiento mutuo sobre la base de igualdad y respeto”. En su discurso señaló una visión de principios que desde América Latina cabe tener como referencia principal en la relación con China: “Es menester persistir en el diálogo, la consulta y la cooperación de ganancias compartidas en lugar del conflicto, la coerción y el juego de suma cero. Hemos de rechazar juntos la política de grupos y la confrontación entre bloques”.


Todo indica que aún el mundo no termina de salir de las lógicas políticas y de crisis que marcaron el siglo XX. Al mismo tiempo una nueva realidad de interacción tecnológica y de avances mayores en la comunicación digital y las aplicaciones de Inteligencia Artificial, señalan que el siglo XXI avanza hacia nuevos parámetros de relaciones entre países y pueblos. No vamos hacia una nueva Guerra Fría porque la realidad del planeta es otra, con mayor interdependencia. Por eso es que no caben los proteccionismos y la creación de barreras tecnológicas con la cual algunos buscan contener el legítimo avance de China.


Como pocos países en el mundo, China sabe que los sistemas de información y comunicación, desde los teléfonos móviles más simples hasta las supercomputadoras, aumentan la capacidad de tomar decisiones del ser humano. Lo que el país asiático vive al interior de su sociedad, especialmente con la masiva aplicación del 5G, indica que vamos hacia un tiempo donde el ritmo acelerado de estos cambios terminará conectando a la humanidad y la tecnología en torno a nuevas formas de decisión. Esa conectividad hará más evidente como nunca antes que existe un “destino común de la humanidad” y que cabe trabajar hacia esa meta.


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