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Buses eléctricos chinos transforman el transporte en Chile: menos contaminación y mayor ahorro

  • Fabián Pizarro Arcos
  • hace 9 horas
  • 3 Min. de lectura

Chile vive una de las transformaciones más profundas de su transporte público en décadas. La introducción de buses eléctricos no solo ha modernizado el sistema, también ha generado beneficios ambientales y económicos.


Por Fabián Pizarro Arcos


Es evidente que Chile vive una de las transformaciones más profundas de su transporte público en décadas. La introducción de buses eléctricos —principalmente fabricados por empresas chinas como BYD, Zhongtong y Yutong— no solo ha modernizado el sistema de movilidad urbana, sino que también ha generado beneficios ambientales y  económicos que hoy cobran aún mayor relevancia en medio de crisis internacionales como las tensiones en Medio Oriente.


Actualmente, Santiago cuenta con una de las mayores flotas de buses eléctricos del mundo fuera de China, superando las 4000 unidades en operación hacia 2026  . Se espera llegar a unos 4.400 buses eléctricos durante 2026, lo que sería cerca del 68% del total. Este avance no es casual: responde a una política pública sostenida y a una estrecha relación bilateral entre Chile y China, su principal socio comercial.


Impacto ambiental: aire más limpio y ciudades más silenciosas


El efecto más visible de esta transformación es la mejora en la calidad del aire. Según el Directorio de Transporte Público Metropolitano (DTPM), el sistema Red Movilidad —gracias a la electromovilidad— generó solo un 3,3% de las emisiones del transporte en Santiago durante el 2024, mientras que los vehículos particulares concentran cerca del 90% . 


Además, la incorporación de buses eléctricos ha permitido:

 

  • Reducir hasta en un 80% las emisiones de material particulado (PM2.5), uno de los contaminantes más dañinos para la salud  

  • Disminuir el ruido urbano en hasta un 44% en zonas clave como la Alameda  

  • Evitar el consumo de más de 60 millones de litros de diésel  


Estos avances no solo impactan el aire, sino también el entorno general de las ciudades. Aunque el transporte terrestre tiene menor incidencia directa en contaminación acuática, la reducción del uso de combustibles fósiles disminuye riesgos asociados a derrames, filtraciones y residuos contaminantes derivados del petróleo.


Incluso, estudios internacionales sugieren que una flota completamente eléctrica podría prevenir miles de muertes prematuras asociadas a la contaminación urbana  .


Ahorro económico: menos dependencia del petróleo


El cambio tecnológico también tiene un fuerte impacto fiscal. Operar buses eléctricos es significativamente más barato que los diésel. En Santiago, el costo operacional puede ser hasta un 70% menor, con valores cercanos a US$0,10 por kilómetro frente a US$0,43 en buses diésel. 


Este ahorro se explica por:

  • Menor costo de la electricidad frente al diésel

  • Menos mantenimiento mecánico (menos piezas móviles)

  • Mayor eficiencia energética


En un escenario global marcado por conflictos como la crisis en Irán —que tensiona los precios del petróleo—, esta independencia energética se vuelve estratégica. Chile reduce su exposición a la volatilidad del crudo y fortalece su seguridad energética.


Electromovilidad y relación Chile-China


La masificación de buses eléctricos en Chile no puede entenderse sin el rol de China. Los primeros buses eléctricos fueron adquiridos directamente a fabricantes chinos, y posteriormente se consolidó un modelo de cooperación tecnológica y financiera.


Incluso, parte de la flota ha sido incorporada mediante acuerdos de cooperación, como la donación de buses eléctricos por parte de China en proyectos piloto en regiones  .


Este proceso refleja cómo la electromovilidad se ha convertido en un eje concreto de la relación bilateral. Más allá del comercio de materias primas, Chile y China avanzan en una agenda común vinculada a innovación, sostenibilidad y transición energética.


Un modelo para América Latina


Hoy, Santiago es considerada un referente global en electromovilidad, solo por detrás de ciudades chinas como Beijing o Shenzhen  . El modelo chileno ha sido observado por otras capitales de América Latina que buscan replicar la experiencia.


La clave ha sido la combinación de políticas públicas, financiamiento innovador y alianzas internacionales, especialmente con China, que lidera la producción mundial de buses eléctricos.


Los buses eléctricos chinos en Chile representan mucho más que un cambio tecnológico: son un ejemplo concreto de cómo la cooperación internacional puede traducirse en beneficios tangibles para la ciudadanía. Menos contaminación, menor gasto público y mayor independencia energética configuran un escenario donde la electromovilidad no solo es una política ambiental, sino también una decisión estratégica de país.

 


 

 

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