Los 77 años de la República Popular China: del país agrícola a la potencia tecnológica
Desde su fundación en 1949, China ha vivido una profunda transformación. La industrialización, la reducción de la pobreza y el desarrollo científico cambiaron la vida cotidiana de sus habitantes y su relación con el mundo.
Por Fabián Pizarro Arcos

El 1 de octubre de 2026, la República Popular China cumple 77 años. La fecha recuerda la proclamación realizada por Mao Zedong en Beijing en 1949, cuando el país enfrentaba las consecuencias de décadas de conflictos y una economía predominantemente agrícola. Hoy, China ocupa un lugar central en la fabricación de vehículos eléctricos, las energías renovables, la inteligencia artificial y la exploración espacial.
Entre ambas imágenes existe una transformación que puede observarse en los hogares, las calles y los lugares de trabajo. El aniversario permite recorrer ese proceso desde una pregunta concreta: ¿cómo cambió la vida de la población?
De la reconstrucción a la reforma y apertura
Durante las primeras décadas, China impulsó la construcción de una base industrial, la expansión de infraestructura y el desarrollo de servicios públicos. Fue un periodo de profundas reorganizaciones sociales, pero también de graves crisis, como las asociada al Gran Salto Adelante y las convulsiones de la Revolución Cultural.

Un punto de inflexión llegó en 1978 con la reforma y apertura promovida por Deng Xiaoping. Los cambios en la agricultura, el establecimiento de zonas económicas especiales y la llegada de inversión extranjera favorecieron nuevas actividades productivas.
Millones de personas encontraron oportunidades fuera del campo. La expansión manufacturera y urbana modificó las relaciones familiares, los oficios y las expectativas de las generaciones jóvenes. Shenzhen se convirtió en uno de los símbolos de esta etapa. Hoy esta ciudad tecnologizada será escenario de APEC 2026.
Una transformación que llegó a los hogares
El crecimiento económico tuvo una expresión decisiva en la reducción de la pobreza. Un informe conjunto del Banco Mundial y organismos chinos, publicado en 2022, estimó que cerca de 800 millones de personas habían salido de la pobreza extrema durante las cuatro décadas anteriores, según el umbral internacional utilizado entonces.
Detrás de esa cifra aparecen cambios concretos: mejores conexiones entre localidades, acceso a mercados y mayores posibilidades de empleo. El proceso también amplió las oportunidades educativas y el consumo de bienes antes inaccesibles para muchas familias.
La bicicleta, durante décadas una imagen característica de las ciudades chinas, comparte hoy espacio con metros, automóviles y servicios digitales. Los teléfonos móviles permiten pagar compras, solicitar transporte y gestionar numerosos trámites.
Vehículos eléctricos: innovación en las calles
La industria automotriz ilustra el paso de China desde la fabricación hacia sectores de mayor complejidad tecnológica. Su desarrollo reúne empresas, investigación, producción de baterías y una extensa cadena de proveedores.

Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), China concentró el 70% de la producción mundial de automóviles eléctricos en 2025 y más del 80% de la fabricación de celdas de baterías.
Para los ciudadanos, esta transformación se traduce en nuevas opciones de movilidad. También genera empleos especializados y convierte la infraestructura de recarga en parte del paisaje urbano. Sus efectos trascienden las fronteras: vehículos y baterías chinos participan en la transición energética de otros países.
Energías renovables y una nueva economía

La expansión solar y eólica constituye otro componente de la modernización. China combina una gran capacidad manufacturera con inversiones en instalaciones eléctricas, redes y almacenamiento.
La AIE señaló que el país aportó casi dos tercios de la nueva capacidad renovable conectada a las redes eléctricas del mundo durante 2024.
Este crecimiento abre oportunidades industriales y contribuye a diversificar el suministro energético. Sin embargo, la transición sigue enfrentando desafíos: integrar fuentes variables, ampliar las redes y reducir la dependencia del carbón.
Inteligencia artificial y exploración espacial

La inteligencia artificial extiende la transformación al trabajo y los servicios. Empresas chinas desarrollan herramientas para producir contenidos, programar y automatizar tareas. Su incorporación plantea oportunidades de productividad, junto con preguntas sobre empleo, privacidad y fiabilidad.
En el espacio, la misión Chang’e-6 recuperó en 2024 las primeras muestras de la cara oculta de la Luna. Ese logro refleja capacidades científicas construidas durante décadas.
A los 77 años, China enfrenta retos de envejecimiento, desigualdad y sostenibilidad. Su siguiente capítulo dependerá de cómo convierta la innovación en bienestar compartido. La transformación continúa, y su medida más cercana sigue siendo la vida cotidiana de sus habitantes.




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