Muere Wang Quanying, la última mujer sobreviviente que participó en la Larga Marcha del Ejército Rojo chino
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La histórica combatiente falleció a los 105 años en la provincia de Sichuan. Su vida estuvo marcada por la pobreza, la guerra y uno de los episodios más trascendentales de la historia moderna de China.
Por Fabián Pizarro Arcos

Wang Quanying, considerada la última mujer sobreviviente que participó en la Larga Marcha del Ejército Rojo chino, falleció el 22 de julio de 2026 a los 105 años en su hogar de Dujiangyan, en la provincia de Sichuan. Con su muerte desaparece una de las últimas testigos directas de un acontecimiento que marcó el rumbo de la Revolución China y el posterior nacimiento de la República Popular China.
Nacida en 1921 en una familia campesina, Wang perdió a sus padres cuando era niña y trabajó como sirvienta durante su infancia. A los 14 años se incorporó al Ejército Rojo, donde desempeñó labores sanitarias y de apoyo logístico antes de integrarse a la histórica Larga Marcha.
La Larga Marcha (1934-1936) fue una retirada estratégica de aproximadamente 9.000 kilómetros emprendida por el Ejército Rojo para escapar del cerco de las fuerzas nacionalistas. Aunque representó enormes sacrificios humanos, este episodio consolidó el liderazgo de Mao Zedong y se convirtió en uno de los pilares fundacionales de la China contemporánea.
Durante aquella travesía, Wang enfrentó condiciones extremas: atravesó montañas nevadas, pantanos, escasez de alimentos y continuos combates. Su experiencia simboliza el papel desempeñado por miles de mujeres que participaron en la revolución, muchas de ellas en funciones médicas, de abastecimiento y comunicaciones, aunque también en el frente de batalla.
Tras el establecimiento de la República Popular China en 1949, Wang continuó trabajando para el desarrollo del país y, durante décadas, fue invitada a compartir sus experiencias con estudiantes, militares e investigadores interesados en preservar la memoria de la Larga Marcha.

En los últimos años, era considerada una de las últimas personas vivas que había presenciado directamente aquel episodio histórico y la última mujer sobreviviente conocida que había participado en la expedición. Su historia fue ampliamente difundida en China como ejemplo de perseverancia, sacrificio y compromiso con el país.
Su fallecimiento ha generado numerosos homenajes en redes sociales chinas, donde miles de personas destacaron su legado y la importancia de preservar la memoria de una generación que vivió algunos de los momentos más complejos del siglo XX.
La muerte de Wang Quanying también marca el fin de una era para la memoria histórica de China. Con el paso del tiempo, los protagonistas directos de la Larga Marcha prácticamente han desaparecido, dejando el desafío de transmitir su experiencia a las nuevas generaciones mediante documentos, investigaciones, museos y testimonios recopilados a lo largo de décadas.
Para la historiografía china, la Larga Marcha sigue siendo mucho más que una operación militar: representa un símbolo de resistencia, unidad y capacidad de sobreponerse a las adversidades, valores que continúan ocupando un lugar central en el relato histórico y político del país.




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