Chang’e, el Conejo de Jade y Wu Gang: las leyendas detrás de la Luna china
La mitología china sitúa en la Luna a una diosa inmortal, un conejo que prepara el elixir de la vida y un leñador condenado a cortar eternamente un árbol. Sus historias también inspiran el programa espacial de China.
Por Fabián Pizarro Arcos
Chang’e, el Conejo de Jade y Wu Gang: las leyendas de la Luna china
Cuando China observa la Luna durante el Festival de Medio Otoño, no contempla solamente un astro. La tradición popular imagina allí un palacio habitado por Chang’e (嫦娥), el Conejo de Jade o Yutu (玉兔) y el incansable leñador Wu Gang (吴刚).
Estas tres figuras protagonizan las leyendas lunares más conocidas de la cultura china. Sus historias, transmitidas durante siglos y representadas en pinturas, poemas, obras teatrales y celebraciones, siguen presentes en la China contemporánea. Incluso han dado nombre a las misiones con las que el país explora la Luna.
Chang’e: la mujer que viajó hasta la Luna
La leyenda de Chang’e posee diferentes versiones. Una de las más difundidas comienza con Hou Yi (后羿), el célebre arquero que salvó a la humanidad derribando nueve de los diez soles que quemaban la Tierra.

Como recompensa, Hou Yi recibió un elixir capaz de conceder la inmortalidad. Chang’e terminó bebiéndolo y comenzó a elevarse hasta llegar a la Luna, donde quedó separada de su esposo.
Algunas versiones cuentan que Chang’e tomó el elixir para evitar que cayera en manos de un hombre malvado; otras señalan que lo consumió por curiosidad o deseo de inmortalidad. Esa diversidad revela una característica esencial de la mitología: las historias cambian según la época, el lugar y quienes las transmiten.
Convertida en diosa lunar, Chang’e quedó asociada con la belleza, la nostalgia, la separación y el deseo de reencuentro. Durante el Festival de Medio Otoño, su figura recuerda a quienes se encuentran lejos de sus familias.
Yutu: el conejo que prepara el elixir

Junto a Chang’e aparece Yutu, cuyo nombre significa “Conejo de Jade”. Según la tradición, es posible distinguir su silueta en las zonas oscuras de la superficie lunar.
Una de las leyendas cuenta que varias divinidades pidieron alimento a un zorro, un mono y un conejo. Como el conejo no tenía nada que ofrecer, decidió sacrificarse arrojándose al fuego. Conmovidas por su generosidad, las divinidades lo enviaron a la Luna.
Otra versión lo presenta como acompañante de Chang’e. Allí trabaja con un mortero, preparando hierbas y el elixir de la inmortalidad. Registros literarios e imágenes vinculadas con el conejo elaborando medicinas pueden rastrearse hasta la dinastía Han.
Wu Gang y el árbol que nunca cae
La tercera figura es Wu Gang, un hombre que quiso alcanzar la inmortalidad, pero fue castigado por sus errores o por no perseverar adecuadamente en su aprendizaje.

Su condena consistió en cortar un enorme árbol de osmanthus situado en la Luna. Sin embargo, cada vez que Wu Gang hundía el hacha en su tronco, la herida se cerraba inmediatamente. Por eso, continúa cortándolo sin poder completar jamás su tarea.
Las sombras lunares fueron interpretadas durante generaciones como la figura del leñador y el árbol. Su historia se convirtió en una metáfora del trabajo interminable, la perseverancia y también del esfuerzo condenado a repetirse.
De la mitología al programa espacial chino
China transformó estas antiguas leyendas en símbolos de su desarrollo científico. Su programa de exploración lunar lleva el nombre de Chang’e, mientras que sus vehículos de superficie fueron bautizados como Yutu y Yutu-2.
La Administración Nacional del Espacio de China explica que Yutu es el conejo blanco que acompaña a Chang’e en el folclore y que la diosa lunar dio su nombre al programa espacial.
El primer Yutu llegó a la superficie lunar junto con Chang’e-3 en diciembre de 2013. Posteriormente, Chang’e-4 y Yutu-2 protagonizaron en 2019 el primer alunizaje controlado de la historia en la cara oculta de la Luna.
En 2024, Chang’e-6 regresó a la Tierra con las primeras muestras obtenidas en la cara oculta, marcando otro hito para la exploración espacial internacional.
Un puente entre la China antigua y la contemporánea
La elección de estos nombres no es un detalle decorativo. China presenta su programa lunar como la continuación moderna de una relación cultural con el cielo construida durante miles de años.
Chang’e ya no viaja hacia la Luna mediante un elixir, sino impulsada por cohetes. Yutu dejó de ser solamente un conejo mitológico que prepara medicinas para convertirse en un vehículo robótico que analiza rocas, cráteres y suelo lunar.
De esta manera, la exploración espacial china enlaza tradición y modernidad. Sus misiones llevan al espacio relatos que comenzaron cuando las personas miraron las sombras de la Luna e imaginaron en ellas una diosa, un conejo y un leñador que todavía intenta derribar un árbol inmortal.




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