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China ejecuta a 11 miembros del clan criminal conocido como “familia Ming”

  • Fabián Pizarro Arcos
  • hace 54 minutos
  • 2 Min. de lectura

Beijing aplica la pena de muerte a líderes de una red de estafas que operaba en Myanmar, responsabilizados de fraude masivo, homicidios y crímenes violentos.

 

Por Fabián Pizarro Arcos


China ejecutó a 11 miembros de la llamada “familia Ming”, un clan criminal vinculado a una gigantesca red de estafas y delitos en la frontera con Myanmar, en un movimiento que Pekín describe como parte de su lucha frontal contra la delincuencia organizada transnacional.


Los condenados eran líderes de un grupo criminal que, según las autoridades chinas, operaba centros de fraude electrónico y casas de juego en la ciudad de Laukkaing, región fronteriza birmana, transformándola en un centro de estafas y violencia. Fueron sentenciados a muerte luego de un juicio en la provincia de Zhejiang, al este de China.


La familia Ming fue juzgada por cargos que incluían homicidio, detención ilegal, fraude y gestión de redes de juego ilícitas, así como la coordinación de complejas estafas en línea. Las operaciones fraudulentas generaron, según el tribunal, ingresos por más de 10.000 millones de yuanes (aproximadamente US$1.400 millones) entre 2015 y 2023.


Delitos violentos y estafas masivas


El poder de la familia criminal no solo residía en la estafa económica, sino también en su uso de violencia extrema y secuestro de víctimas. Las operaciones desveladas por testimonios y por las autoridades describen cómo trabajadores forzados eran obligados a ejecutar fraudes en plataformas digitales, bajo estricta vigilancia y amenazas.


Según el tribunal, 14 ciudadanos chinos murieron y muchos otros resultaron heridos como consecuencia de las actividades delictivas del clan. El patriarca de la familia, Ming Xuechang, intentó evitar su arresto antes de ser detenido en 2023 y, según informes oficiales, se suicidó durante ese proceso.


Tras su detención, las confesiones de los miembros de la familia fueron difundidas a través de documentales de los medios estatales, una práctica habitual en China para mostrar determinación judicial y estatal ante el crimen organizado.


La ejecución de los 11 miembros de la familia Ming envía un mensaje claro: el Estado chino está dispuesto a aplicar las máximas penas contra aquellos que gestionan redes criminales complejas que afectan no solo la seguridad económica de sus ciudadanos, sino también su integridad física.


Este caso también pone en evidencia cómo la lucha contra el crimen de China trasciende sus fronteras. Al vincularse con milicias locales en Myanmar y participar de manera activa en operaciones cuya jurisdicción se extiende más allá del territorio nacional, Pekín proyecta una política de seguridad que combina diplomacia, intervención indirecta y colaboración con actores regionales cuando sus intereses se ven comprometidos.

 

Ejecución

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