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China recupera más de 10 millones de hectáreas y frena el avance del desierto

  • infochileenchina
  • hace 1 hora
  • 3 min de lectura

La combinación de reforestación, energía solar e innovación tecnológica está cambiando el paisaje de algunas de las regiones más áridas del país y proyecta una nueva meta para 2030.


Por Fabián Pizarro Arcos


La lucha contra la desertificación en China está mostrando resultados concretos. En el marco del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, la Administración Nacional de Silvicultura y Pastizales informó que el país ha restaurado más de 10,13 millones de hectáreas de tierras desertificadas durante el XIV Plan Quinquenal (2021-2025), consolidando una tendencia que ha permitido reducir el avance de las zonas áridas y mejorar de forma sostenida los ecosistemas desérticos.


Foto agencia de noticias Xinhua
Foto agencia de noticias Xinhua

A estas cifras se suman otras 1,95 millones de hectáreas de terrenos afectados por desertificación rocosa que también han sido recuperados mediante programas de restauración ecológica y manejo sostenible del territorio.


Un proyecto que comenzó hace casi 50 años


Uno de los pilares de esta transformación es el Programa de Cinturones Forestales de Protección de los "Tres Nortes", conocido como TSFP, una iniciativa lanzada en 1978 para proteger las regiones del noroeste, norte y noreste de China.


Considerado el mayor proyecto de forestación del mundo, el programa ha recibido una inversión estatal superior a los 88.900 millones de yuanes (unos 12.400 millones de dólares) y ha impulsado 544 proyectos de restauración ecológica.


Como resultado, cerca de 16,3 millones de hectáreas han sido rehabilitadas mediante plantación de árboles, recuperación de suelos y obras de conservación ambiental.


Cuando la energía solar ayuda a detener el desierto


Uno de los aspectos más interesantes de la estrategia china es la integración entre energías renovables y recuperación ambiental.


En la región de los "Tres Nortes", grandes parques fotovoltaicos se han convertido en aliados del control de la desertificación. La sombra generada por los paneles reduce la evaporación del suelo, favorece la retención de humedad y permite el desarrollo de vegetación adaptada a condiciones extremas.


Gracias a este modelo, ya se han recuperado alrededor de 5,3 millones de mu de terreno degradado.


A ello se suma la construcción de más de 3.500 kilómetros de carreteras en zonas arenosas, infraestructura que ha contribuido a restaurar otros 6,8 millones de mu de tierras afectadas.


Ciencia, innovación y monitoreo permanente


La recuperación de los desiertos también está siendo impulsada por la ciencia. China ha dividido la región de los "Tres Nortes" en 136 zonas de gestión ecológica y ha desarrollado especies de árboles y pastos resistentes a la sequía, al frío y a la salinidad. Actualmente, más del 75% de las plantaciones utilizan variedades mejoradas.


Además, la implementación de nuevas tecnologías ha permitido triplicar la eficiencia de los trabajos de restauración, mientras una red de estaciones de observación monitorea de manera permanente la evolución de los ecosistemas y las tormentas de arena.


Una meta ambiental para 2030


Los resultados muestran un cambio significativo respecto del pasado. Si a finales del siglo XX las tierras desertificadas crecían a un ritmo promedio de 5,15 millones de mu por año, hoy China registra una reducción anual cercana a los 10 millones de mu.

La cobertura vegetal en las regiones desérticas alcanza el 21,17%, mientras que la erosión eólica en los principales desiertos del país ha disminuido cerca de un 40% en comparación con el año 2000.


De cara a 2030, el objetivo es recuperar otros 100 millones de mu, equivalentes a aproximadamente 6,7 millones de hectáreas, fortaleciendo la protección ambiental en zonas estratégicas como la cuenca del río Amarillo, la meseta de Qinghai-Xizang y el corredor Beijing-Tianjin-Hebei.


Más que un programa de reforestación, la experiencia china refleja cómo la planificación de largo plazo, la innovación tecnológica y las energías limpias pueden convertirse en herramientas para enfrentar uno de los mayores desafíos ambientales del siglo XXI.

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