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China y Chile: más allá del color político

  • Fabián Pizarro Arcos
  • 26 dic 2025
  • 6 Min. de lectura

Una relación forjada por el respeto mutuo y la cooperación a lo largo de 55 años.


Fuente: Centro para las Américas    Autor: Magdalena Rojas


Este espacio es una alianza con Revista China Hoy


Diciembre es un mes muy especial, puesto que no solo se conmemoran los 55 años desde el establecimiento de relaciones diplomáticas entre China y Chile, sino que es también cuando se decidirá el destino de casi 19 millones de personas en el país suramericano.


Apostando por una mirada de Estado


Tras los comicios presidenciales celebrados el 16 de noviembre pasado, se disputará una segunda vuelta entre el candidato del Partido Republicano José Antonio Kast y la candidata del Partido Comunista Jeannette Jara. El futuro aún es incierto, pero independientemente del presidente que salga electo, lo que está claro es que la relación con China no cambiará. Más allá del gobierno de turno o del color político de una persona u otra, el vínculo que mantiene Chile con China responde a una política de Estado basada en el respeto mutuo, la cooperación, el respeto a la soberanía territorial y la no injerencia en los asuntos domésticos, entre otros principios básicos. Es algo que ha sido así desde siempre, y que, desde luego, se mantendrá a futuro.


Chile ve en China no solo a un socio confiable, sino a un amigo cercano, con el cual comparte un mismo ideal en pos del bienestar de su pueblo y un futuro compartido. Aunque las diferencias pueden ser abismantes, y el vasto océano Pacífico que los separa parece casi inconmensurable, ambos países y pueblos están unidos por una amistad fraterna que no ha hecho sino robustecerse con el paso del tiempo. Tras el triunfo de Salvador Allende en 1970, todos los mandatarios que le sucedieron tras el retorno a la democracia como Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos, Michelle Bachelet, Sebastián Piñera y Gabriel Boric, se han regido por una política de cooperación y pragmatismo, principio que se mantuvo incuso en los años del régimen militar chileno. Lo mismo ha ocurrido en el caso de China, comenzando por Mao Zedong, seguido por Deng Xiaoping, Jiang Zemin, Hu Jintao y el actual mandatario Xi Jinping.


Pese a los altos y bajos de la política, y a un contexto internacional muchas veces hostil, que incluso se vio amenazado por la Guerra Fría, ambos Gobiernos han sabido sobreponerse a las dificultades, apostado por una relación genuina construida sobre la confianza. El país más largo del mundo, surcado por la cordillera de los Andes en el este, el mar azul en el oeste, el desierto de Atacama en el norte, y los gélidos campos de hielo del sur, ha sido reconocido por su apoyo a China a través de los años en varios aspectos. En 1970, Chile se convirtió en el primer país sudamericano en establecer relaciones diplomáticas con China. En 1999, en el primer país latinoamericano en apoyar el ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC). En 2004, en el primer país de América Latina en reconocer a China como economía de mercado. Y, de manera más reciente, en 2005, en el primer país de la región en firmar un tratado de libre comercio (TLC) con la potencia asiática. Todo ello no es mera casualidad, sino un signo inequívoco de la voluntad política de tender un puente en pos del beneficio de ambos países.


Afianzando la relación económica y comercial


Por su parte, China ha privilegiado una relación pragmática en consonancia con su política exterior y una consigna —los beneficios compartidos— que se ha visto materializada en diferentes instancias a lo largo del camino recorrido, pero sobre todo, a partir de la Iniciativa de la Franja y la Ruta propuesta por el presidente Xi Jinping hace ya 11 años. Todo ello, sumado al crecimiento experimentado por China, que se ha convertido en un ejemplo de gobernanza y de buenas prácticas a nivel mundial, no ha hecho sino reforzar la relación. Al igual que para muchos otros países de América Latina y del resto del planeta, China es hoy por hoy el primer socio comercial. El comercio bilateral entre China y Chile ha crecido a una tasa promedio de 8,8 % anual entre 2018 y 2024, con un aumento considerable de las exportaciones chilenas que pasaron de los 1836 millones de dólares en 2003 a más de 37.401 millones en 2023. Del lado de la oferta chilena, los productos más exportados incluyen cobre, litio y celulosa, seguidos por diversos productos de la agroindustria como cerezas, vino y palta, entre otros. Por su parte, China ha concentrado su oferta exportable principalmente en bienes manufacturados, maquinaria, productos electrónicos como baterías y teléfonos, y de manera más reciente, vehículos de nueva energía (VNE) que hoy se pueden ver en el transporte público de las calles de Santiago, la ciudad capital, donde han llegado más de 4400 buses eléctricos hasta la fecha.


Los esfuerzos por fortalecer la relación también han sido secundados por visitas de alto nivel entre ambas partes, incluidas las de presidentes, ministros, subsecretarios, diputados, además de delegaciones de empresarios y otros actores de la sociedad civil desde que se iniciaron relaciones diplomáticas hace 55 años. El actual presidente chileno ya ha realizado dos visitas oficiales a China hasta la fecha, mientras que su canciller, Alberto van Klaveren, suma tres. En su viaje más reciente, realizado en mayo de este año, en el marco de la IV Reunión Ministerial del Foro China-CELAC, Boric destacó una vez más la importancia de la relación con China, además de hacer una defensa férrea del multilateralismo y la libre determinación a la hora de comerciar. “En Chile defendemos la autonomía estratégica de nuestro país. Y decimos que la soberanía radica no solo en el respeto a las fronteras materiales, sino en la decisión libre y soberana de poder decidir con quién y cuándo comerciar”, enfatizó el presidente chileno en aquella ocasión.


El líder chino, Xi Jinping, no se quedó atrás, aludiendo también a la importancia de este principio en medio de las tensiones por las tarifas arancelarias impuestas por Donald Trump que han causado graves perjuicios para muchas economías del mundo. “La intimidación y la coerción solo conducen al aislamiento”, afirmó Xi en directa alusión a la nación norteamericana. En tanto, el mandatario chino refrendó, una vez más, su compromiso para seguir profundizando la cooperación con Chile, además de otros países de la región. “China aumentará sus importaciones de productos de alta calidad de países de América Latina y el Caribe e incentivará a sus empresas a expandir sus inversiones”, manifestó en el mismo encuentro.


Para Chile, dicha promesa no es mera retórica, sino que una oportunidad real para materializar grandes proyectos ligados a las energías limpias, tales como el hidrógeno verde y la energía eólica, además de añadirle valor agregado a su oferta exportable. En relación a este último punto, cabe destacar la apuesta del Gobierno chileno por dar a conocer sus productos y penetrar con más fuerza en el mercado chino a través de Chile Week, que se ha convertido en una vitrina de promoción a lo largo de la última década. Organizada por la agencia gubernamental ProChile del Ministerio de Relaciones Exteriores, en su última edición celebrada en octubre de este año, Chile Week contó con actividades en Shanghai, Shenzhen, Tianjin y Chongqing, con la idea de llegar a ciudades donde el comercio ya está bastante consolidado, así como a nuevas zonas con gran potencial por delante, tal como fue ratificado en una reciente entrevista con China Hoy por parte de Pablo Arriarán, actual embajador de Chile en Beijing.


China siempre ha reivindicado su modelo de socialismo con peculiaridades chinas, al igual que su modernización que incluye la prosperidad común de todo el pueblo, la coexistencia armoniosa entre el ser humano y la naturaleza, y el desarrollo coordinado entre la civilización material y espiritual. Del mismo modo, Chile ha apostado por un modelo de sociedad según su propia realidad, donde ha primado la voluntad del pueblo que se expresa a través de las urnas. En ese sentido, ambos países se reconocen como iguales y han respetado sus respectivos modelos de Gobierno y de desarrollo. La relación entre el país suramericano y la gran potencia mundial es prueba de la voluntad de trabajar con miras a futuro más allá del color político.


Pese a los altos y bajos de la política, y a un contexto internacional muchas veces hostil, que incluso se vio amenazado por la Guerra Fría, ambos Gobiernos han sabido sobreponerse a las dificultades, apostando por una relación genuina construida sobre la confianza.



 

 

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