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Desarrollo de alta calidad: la apuesta de China para liderar la economía del futuro

  • infochileenchina
  • hace 1 día
  • 2 min de lectura

China busca superar el modelo basado en manufactura de bajo costo, inversión intensiva y exportaciones. Su nueva estrategia apunta hacia la innovación tecnológica, el desarrollo verde y una economía con mayor valor agregado.


Por Fabián Pizarro Arcos


Durante más de cuatro décadas, China sorprendió al mundo por la velocidad de su transformación. La construcción de grandes ciudades, la expansión de sus exportaciones, la urbanización acelerada y el crecimiento de su capacidad industrial convirtieron al país en la segunda economía más grande del planeta y en el principal centro manufacturero global.


Sin embargo, el modelo que impulsó ese ascenso comenzó a mostrar señales de agotamiento. La contaminación, el endeudamiento de algunas regiones, los desequilibrios del mercado inmobiliario y la dependencia de tecnologías extranjeras evidenciaron que crecer rápidamente ya no era suficiente.


China necesita ahora crecer mejor.


Esa es la idea central del llamado “Desarrollo de alta calidad”, uno de los conceptos más importantes para comprender la economía china actual. No se trata únicamente de alcanzar determinadas cifras de crecimiento del producto interno bruto, sino de construir una economía más innovadora, eficiente, sostenible y resistente frente a las crisis internacionales.


El desafío es particularmente complejo. China ya no puede competir solamente mediante bajos salarios y producción económica. El aumento de los costos laborales, el envejecimiento de la población, la desaceleración económica mundial y las tensiones comerciales obligan al país a buscar nuevas fuentes de crecimiento.


En mi opinión, el desarrollo de alta calidad representa mucho más que una política económica. Es la estrategia con la que Beijing intenta evitar la denominada trampa de los ingresos medios: ese momento en que una nación deja de ser suficientemente barata para competir mediante costos, pero todavía no alcanza el nivel tecnológico y productivo de las economías avanzadas.


La respuesta china es apostar por la innovación. Inteligencia artificial, vehículos eléctricos, energías renovables, robótica, semiconductores, biotecnología, computación avanzada y manufactura de alta precisión ocupan un lugar prioritario dentro de esta transformación.


China quiere dejar de ser identificada únicamente como “la fábrica del mundo”. Su objetivo es convertirse en un país capaz de diseñar tecnologías, controlar cadenas industriales estratégicas y establecer estándares internacionales.


El desarrollo verde también forma parte de esta apuesta. Aunque China continúa siendo el mayor emisor mundial de dióxido de carbono, simultáneamente ha alcanzado una posición dominante en industrias como la energía solar, las baterías y los vehículos eléctricos. Esta aparente contradicción refleja la magnitud de una transición que no puede producirse de manera inmediata, pero que ya está modificando la economía mundial.


Por supuesto, la estrategia enfrenta obstáculos. La crisis inmobiliaria, la deuda local, el envejecimiento demográfico y la competencia tecnológica con Estados Unidos pueden ralentizar el proceso. También existe el riesgo de generar sobrecapacidad industrial o profundizar las tensiones comerciales con otros países.


Aun así, el rumbo parece definido. Para China, el desarrollo de alta calidad no consiste simplemente en producir más, sino en producir mejor, con mayor valor agregado, menor impacto ambiental y más autonomía tecnológica.


Una parte decisiva del poder global durante las próximas décadas dependerá de quién controle la innovación y las industrias del futuro. China lo entiende y está organizando buena parte de su estrategia nacional en torno a esa convicción.


 

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