El día en que Pinochet decretó duelo oficial en Chile por la muerte de Mao Zedong
El decreto, publicado en el Diario Oficial el 11 de septiembre de 1976, estableció tres jornadas de duelo y ordenó izar la bandera a media asta.
Por Fabián Pizarro Arcos
El 11 de septiembre de 1976, exactamente tres años después del golpe de Estado que derrocó al presidente Salvador Allende, el Diario Oficial de Chile publicó una decisión política que, observada desde el presente, resulta especialmente significativa: el dictador chileno, Augusto Pinochet, decretó duelo oficial por la muerte de Mao Zedong, fundador de la República Popular China y principal dirigente de la revolución china.

Mao había fallecido en Beijing el 9 de septiembre de 1976, a los 82 años. Un día después, Pinochet firmó el decreto que estableció tres jornadas de duelo oficial en todo el territorio chileno: el 12, 13 y 14 de septiembre.
En sus fundamentos, el decreto señaló que Chile recibía con “profundo pesar” la noticia del “sensible fallecimiento del Presidente del Comité Nacional del Consejo Consultivo Político del Pueblo Chino, Sr. Mao Tse Tung, duelo que aflige en esta hora a ese país amigo”, y destacó que “ tales sentimientos de pesar son compartidos por el pueblo de Chile y su Gobierno, habida consideración de los lazos de amistad que unen a ambas naciones”.
El texto además ordenó izar el Pabellón Nacional a media asta en reparticiones públicas y unidades de las Fuerzas Armadas. También autorizó a instituciones y particulares a adherirse al duelo en sus respectivos edificios, residencias y establecimientos.
Una relación que sobrevivió al golpe de Estado
La decisión debe comprenderse dentro de un capítulo excepcional de la historia diplomática chilena. Chile y la República Popular China establecieron relaciones oficiales el 15 de diciembre de 1970, durante el Gobierno de Salvador Allende. Con ello, Chile se convirtió en el primer país sudamericano en reconocer diplomáticamente a la República Popular China.
Tras el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, gran parte de los países socialistas rompió o suspendió sus vínculos con la dictadura militar chilena. China, sin embargo, decidió mantener las relaciones diplomáticas con Santiago, pese a la enorme distancia ideológica que existía entre el proyecto político encabezado por el Partido Comunista de China y el régimen anticomunista dirigido por Pinochet.

La continuidad de los vínculos respondió principalmente a una diplomacia pragmática. Beijing sostuvo su política de no interferencia en los asuntos internos de otros Estados, mientras que el régimen chileno mantuvo el reconocimiento de la República Popular China como el único gobierno legítimo de China y respetó el principio de “una sola China”.
Esta posición permitió conservar abiertos los canales diplomáticos en uno de los momentos más complejos de la política exterior chilena. China fue, junto con Rumania, uno de los pocos Estados socialistas que mantuvo relaciones con el régimen militar.
Un gesto político cargado de simbolismo
El duelo oficial decretado tras la muerte de Mao no fue solamente un acto protocolar. Representó una señal enviada por la dictadura chilena a Beijing en momentos en que el Gobierno de Pinochet enfrentaba un creciente aislamiento internacional.
Una investigación académica de Rodrigo A. Álvarez-Valdés sobre la política asiática del régimen militar chileno sostiene que el fallecimiento de Mao fue visto como una oportunidad diplomática. A las tres jornadas de duelo se sumó el envío de condolencias oficiales, gestos destinados a reafirmar la voluntad chilena de preservar la relación bilateral.
La publicación del decreto demuestra que los vínculos entre Chile y China lograron sobreponerse a los cambios de gobierno, las crisis políticas y las diferencias ideológicas. Esa continuidad se transformaría posteriormente en uno de los fundamentos de una relación de Estado que, durante las décadas siguientes, avanzó desde el terreno diplomático hacia una amplia cooperación comercial, política, cultural y científica.
Cincuenta años después de la muerte de Mao, el documento conservado en el Diario Oficial constituye una pieza histórica poco conocida: la evidencia de que, incluso durante uno de los periodos más polarizados del siglo XX, Chile y China optaron por mantener abierto el diálogo.
Fuentes: Decreto publicado en el Diario Oficial de la República de Chile el 11 de septiembre de 1976.




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