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Historia, símbolos y poder en la vida cotidiana: Los colores que definen a China

  • Fabián Pizarro Arcos
  • hace 35 minutos
  • 4 Min. de lectura

En una sociedad donde el simbolismo visual ha sido crucial para comprender el orden del mundo, la paleta china es una forma de lenguaje cultural.


Por Fabián Pizarro Arcos


En China, los colores no son simplemente tonalidades decorativas. Son portadores de significado, jerarquía, emoción y destino. A lo largo de miles de años, los tonos han estructurado rituales imperiales, codificado relaciones sociales y alimentando creencias religiosas. Los colores pueden atraer fortuna, alejar mala energía o representar el poder del Estado. En una sociedad donde el simbolismo visual ha sido crucial para comprender el orden del mundo, la paleta china es una forma de lenguaje cultural.


Históricamente, el uso simbólico del color se remonta a las dinastías tempranas, especialmente a la Dinastía Zhou (1046–256 a.C.), cuando se desarrolló el concepto de los “cinco elementos” (wu xing): madera, fuego, tierra, metal y agua. Cada elemento estaba asociado con un color, una dirección, una estación del año y un órgano vital. Estos colores —verde/azul, rojo, amarillo, blanco y negro— formaron la base cromática de la civilización china. No eran simples tonalidades, sino símbolos del equilibrio del universo. La cosmología, la arquitectura, la medicina tradicional, la literatura y la política se tejieron en torno a esa estructura cromática.


Uno de los colores más emblemáticos en China es el rojo. Visible en templos, bodas, festivales y billetes de banco —incluyendo los sobres rojos hongbao usados para regalar dinero en Año Nuevo Lunar— el rojo representa prosperidad, felicidad, energía vital y protección contra el mal. Durante siglos, el rojo fue considerado un color que “activa” la buena fortuna, y aún hoy es omnipresente en celebraciones. En un contexto sociológico, elegir un logo o marca con predominancia roja en China puede significar automáticamente cercanía emocional con el público.


El amarillo, por su parte, fue el color del poder absoluto. Asociado al elemento tierra y al centro del universo, se convirtió en símbolo exclusivo del emperador. En la Ciudad Prohibida de Pekín, los techos son amarillos porque solo el soberano podía utilizarlos. Vestir amarillo imperial sin autorización pudo costar la vida durante ciertas épocas. Esta relación cromática reafirmó jerarquías y orden político durante más de dos milenios. Hoy, aunque el color ha perdido su connotación exclusiva, aún representa nobleza, tradición y prestigio.


El blanco en China tiene una carga cultural muy distinta a la occidental. Mientras en Occidente el blanco suele asociarse con pureza y bodas, en China está relacionado con el duelo, la muerte y los funerales. Las familias usan ropa blanca para despedir a un ser querido, y los rituales ancestrales incluyen sobres blancos —no rojos— para entregar dinero de condolencias. Esta elección cromática revela una característica sociológica profunda: el color funciona como tecnología simbólica para mantener el equilibrio espiritual, evitando “mezclar energías” entre celebración y despedida.


El negro, por otro lado, fue históricamente ambivalente. Aunque representa misterio y naturaleza primordial, también se asocia con autoridad. En la antigua China, los primeros emperadores legendarios vestían túnicas negras y realizaban sacrificios en altares oscuros. En la vida moderna, el negro se percibe como color de formalidad, sobriedad y poder administrativo, especialmente en el ámbito empresarial.


El verde es quizás el tono más controvertido culturalmente. Representa vitalidad, naturaleza y renovación, pero existe una excepción social famosa: el “sombrero verde”. En chino mandarín, “llevar sombrero verde” (dài lǜ mào) significa que la pareja ha sido infiel. Por esta razón, regalar ropa verde a un hombre o diseñar publicidad con sombreros verdes puede interpretarse como insulto. Este fenómeno socio–lingüístico es un ejemplo perfecto de cómo el color, más allá de sus asociaciones filosóficas, tiene connotaciones cotidianas muy marcadas.


En la China contemporánea, los colores siguen marcando decisiones colectivas. Empresas tecnológicas se debaten entre el rojo patriótico y el azul corporativo global. Gobiernos locales decoran ciudades con luces rojas durante el Año Nuevo Lunar para “activar la buena energía”. Los matrimonios eligen paletas rojas y doradas, mientras los funerales continúan usando blanco y negro. Incluso el Partido Comunista utiliza el rojo como símbolo político y emocional de identidad nacional.


A continuación, una lista con los colores más importantes en la cultura china y su significado:


• Rojo (红, hóng)


Representa fortuna, alegría, éxito y energía vital. Es el color más auspicioso. Presente en bodas, festivales, sobres de dinero y decoración tradicional. 


• Amarillo (黄, huáng)

Color imperial asociado con la tierra, el centro y el poder absoluto. Símbolo de nobleza, legitimidad y tradición.

 

• Blanco (白, bái)

Color del luto y la muerte. Asociado a funerales, despedidas y purificación espiritual posterior.

 

• Negro (黑, hēi)

Autoridad, profundidad y misterio. En la antigüedad era el color de los rituales del cielo. Hoy está vinculado con formalidad y negocios.

 

• Verde (绿, lǜ)

Renovación, vida, salud y crecimiento. Con un matiz popular negativo: simboliza infidelidad cuando se usa en forma de “sombrero verde”.

 

• Dorado (金, jīn)

Símbolo de riqueza, prosperidad y éxito. Se asocia con objetos religiosos, templos y decoración de lujo. Frecuente en iconografía budista y taoísta.

 

• Azul (蓝, lán)

Calma, horizonte y naturaleza. Relacionado con la sabiduría y la longevidad. Importante en la cerámica china, especialmente en los jarrones azul y blanco de la Dinastía Ming.


En China los colores no son meras preferencias estéticas: son guías simbólicas para navegar emociones, decisiones familiares y relaciones sociales. En una sociedad donde la continuidad cultural importa tanto como la modernización, los códigos cromáticos permiten conectar pasado y futuro con un lenguaje silencioso pero decisivo. En última instancia, entender los colores en China es entender uno de los sistemas simbólicos más extensos y complejos del mundo.

 

 

 
 
 

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