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La historia de la bandera china: un símbolo de unidad, revolución y futuro

  • Fabián Pizarro Arcos
  • 2 ene
  • 3 Min. de lectura

La “Cinco Estrellas Rojas” expresa una visión de nación: una China cohesionada, guiada por un proyecto político claro y comprometida con su propio camino hacia el futuro.


Por Fabián Pizarro Arcos


La bandera nacional de  China, conocida como “la Cinco Estrellas Rojas”, es uno de los símbolos más reconocibles del país y una representación visual de su historia política reciente. Su diseño, cargado de simbolismo, nació en medio de un momento decisivo para China: el triunfo de la Revolución liderada por el Partido Comunista en 1949. Desde entonces, este emblema ondea en plazas, escuelas, edificios gubernamentales y ceremonias oficiales como testimonio de la identidad y unidad del país.


Tras la victoria comunista y la proclamación de la República Popular el 1 de octubre de 1949, el nuevo gobierno organizó un concurso público a nivel nacional para diseñar la nueva bandera. Miles de propuestas llegaron a Beijing, cada una buscando reflejar los ideales de la revolución y la nueva etapa que iniciaba. Entre ellas destacaba un diseño presentado por Zeng Liansong, un economista y artista aficionado de Shanghái. Su propuesta llamó inmediatamente la atención por su simplicidad y por la claridad del mensaje político que comunicaba.


Zeng se inspiró en una frase popularizada por el líder Mao Zedong: “unir a la gran masa del pueblo bajo la dirección del Partido Comunista”. A partir de ese principio, creó un diseño donde una gran estrella dorada guía a otras cuatro más pequeñas, representando la unión del pueblo bajo un liderazgo central. La bandera sería aprobada finalmente por el Comité Consultivo Político del Pueblo Chino y adoptada oficialmente el mismo día de la fundación de la República.


El color rojo intenso que domina la bandera no es casual: simboliza la revolución, el sacrificio y la lucha que dieron origen al nuevo Estado. El rojo ha sido históricamente un color asociado a la prosperidad y la buena fortuna en la cultura china, pero en el contexto político de 1949 se vinculó especialmente con el triunfo revolucionario y la construcción de un país socialista.


En la esquina superior izquierda se ubican las cinco estrellas doradas, que constituyen el corazón del significado del diseño. La estrella más grande, situada al centro de ese cuadrante, representa al Partido Comunista de China, al que se considera la fuerza que guía al país. Las otras cuatro estrellas, más pequeñas y dispuestas en un arco hacia la estrella principal, simbolizan al pueblo chino. Estas cuatro estrellas no son arbitrarias: corresponden a las antiguas “cuatro clases sociales” mencionadas en los discursos revolucionarios —trabajadores, campesinos, pequeña burguesía y burguesía nacional— que, según la ideología oficial de la época, debían unirse en torno al Partido para construir la nueva nación.



Cada una de las estrellas pequeñas está inclinada deliberadamente hacia la estrella mayor, lo que refuerza la idea de cohesión y de seguir una guía común. El color amarillo utilizado para las estrellas también tiene un valor simbólico. Aunque en el contexto político chino de mediados del siglo XX se eligió principalmente para destacar sobre el rojo, el amarillo ha sido tradicionalmente un color imperial y culturalmente significativo, asociado a la tierra, la fertilidad y el centro del mundo en la cosmovisión tradicional china.


Desde su adopción en 1949, la bandera china prácticamente no ha cambiado. Ha acompañado al país en sus transformaciones económicas, sociales y políticas, desde los años de consolidación comunista hasta la apertura al mundo y su ascenso como potencia global. Hoy, más que un símbolo revolucionario, la bandera es vista como una representación de la unidad nacional, el desarrollo del país y la identidad colectiva de más de 1.400 millones de personas.


La “Cinco Estrellas Rojas” no solo sintetiza un momento histórico, sino que también expresa una visión de nación: una China cohesionada, guiada por un proyecto político claro y comprometida con su propio camino hacia el futuro.

 

 
 
 

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