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Las Dos Sesiones: cuando lo que ocurre en Beijing también repercute en América Latina

  • Fabián Pizarro Arcos
  • hace 4 horas
  • 4 Min. de lectura

La verdadera pregunta no es qué hará China en marzo, sino qué hará América Latina frente a lo que China decida en sus “Dos Sesiones”.


Por Fabián Pizarro Arcos



Cada marzo, Beijing se convierte en el epicentro político de China con la celebración de las llamadas “Dos Sesiones”, el evento institucional más relevante del calendario del gigante asiático. Se trata de las reuniones anuales de la Asamblea Popular Nacional (APN), el máximo órgano legislativo del país, y del Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCh), el principal órgano asesor político. Durante cerca de dos semanas, miles de delegados revisan, debaten y aprueban las prioridades económicas, sociales y estratégicas que marcarán el rumbo de China para el año en curso —y, en ocasiones, para la próxima década.


Este 2026 no es un año cualquiera. Además de las metas anuales, las Dos Sesiones estarán marcadas por la aprobación formal del XV Plan Quinquenal (2026-2030), el documento que trazará las líneas maestras del desarrollo chino en un contexto internacional complejo, de desaceleración económica global, tensiones geopolíticas y transformación tecnológica acelerada.


Aunque para el público latinoamericano puedan parecer reuniones lejanas y técnicas, lo cierto es que lo que allí se discute tiene efectos concretos sobre nuestras economías, nuestras exportaciones y hasta nuestras decisiones estratégicas. Las Dos Sesiones —la Asamblea Popular Nacional (APN) y la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCh)— no son solo un ritual político anual. Son el momento en que China define el tono económico y geopolítico del año.

 

¿Qué esperar de las Dos Sesiones 2026?


Las Dos Sesiones suelen tener tres grandes ejes: crecimiento económico, estabilidad social y posicionamiento estratégico internacional. Sin embargo, este año el foco será más estructural que coyuntural.


En términos económicos, se espera que el Gobierno fije una meta de crecimiento prudente pero ambiciosa, probablemente en torno a un rango que combine estabilidad con estímulos selectivos. China enfrenta desafíos internos —como la desaceleración inmobiliaria, el envejecimiento poblacional y el alto endeudamiento local— pero también busca consolidar su transición hacia una economía basada en innovación, consumo interno y tecnologías avanzadas.


Habrá anuncios relevantes en materia de política industrial, con énfasis en sectores considerados estratégicos: inteligencia artificial, semiconductores, energías renovables, vehículos eléctricos, biotecnología y manufactura avanzada. No se trata solo de crecimiento, sino de soberanía tecnológica. El mensaje hacia el mundo será claro: China quiere reducir vulnerabilidades externas y fortalecer su autosuficiencia en cadenas críticas.


En el plano social, es previsible un mayor énfasis en empleo juvenil, fortalecimiento del sistema de seguridad social y estímulos al consumo interno. La estabilidad sigue siendo un eje central del modelo chino. El liderazgo entiende que el crecimiento sin cohesión social no es sostenible.


En política exterior, las Dos Sesiones suelen reafirmar principios más que anunciar giros bruscos. Sin embargo, el contexto internacional —marcado por la competencia estratégica con Estados Unidos y una fragmentación creciente del comercio global— dará especial relevancia a las definiciones diplomáticas. China insistirá en su narrativa de apertura, multilateralismo y cooperación Sur-Sur, buscando consolidar vínculos en Asia, África y América Latina.

 

El XV Plan Quinquenal (2026-2030): la verdadera noticia


Si hay un elemento que eleva la relevancia de estas Dos Sesiones es la aprobación del XV Plan Quinquenal. Estos planes, que estructuran la planificación estatal china desde 1953, son mucho más que declaraciones de intenciones: son verdaderas cartas de navegación estratégica.


El plan 2026-2030 deberá responder a tres grandes interrogantes: ¿cómo crecer más lento pero mejor?, ¿cómo competir en un mundo tecnológicamente dividido?, y ¿cómo mantener estabilidad interna en una sociedad cada vez más urbana y exigente?


Todo indica que el nuevo plan profundizará cinco grandes líneas:


Innovación como motor central: inversión masiva en I+D, fortalecimiento de universidades tecnológicas y apoyo a empresas de alta tecnología.


Transición verde acelerada: expansión de energías renovables, electrificación del transporte y metas ambientales más ambiciosas.


Reequilibrio del modelo económico: mayor protagonismo del consumo interno frente a las exportaciones tradicionales.


Seguridad económica y tecnológica: reducción de dependencia en áreas críticas como chips avanzados.


Desarrollo regional equilibrado: integración de ciudades intermedias y fortalecimiento de polos tecnológicos fuera de las grandes megaciudades.


El mundo debería observar con atención dos aspectos clave: primero, la magnitud de los recursos destinados a tecnologías estratégicas; segundo, el ritmo de la transición energética. China ya es líder en producción de paneles solares y vehículos eléctricos. Si el nuevo plan acelera aún más estas áreas, podría redefinir mercados globales en la próxima década.


También habrá que mirar cómo se articula la política industrial con la apertura económica. ¿Habrá mayores incentivos para inversión extranjera en sectores estratégicos o una mayor protección de campeones nacionales? La respuesta impactará directamente en flujos comerciales y financieros globales.        


¿Por qué Chile debería mirar con atención?


Desde Santiago, las Dos Sesiones podrían parecer un evento lejano. No lo son. China es el principal socio comercial de Chile desde hace más de una década. Más del 39% de nuestras exportaciones tienen como destino el mercado chino, concentradas en cobre, litio, frutas y productos del mar.


Cualquier ajuste en la política económica china repercute en nuestra balanza comercial. Si el XV Plan Quinquenal impulsa con fuerza la transición energética, la demanda por cobre y litio podría sostenerse o incluso crecer, lo que sería una buena noticia para la economía chilena. Si, en cambio, el crecimiento se desacelera más de lo previsto, el impacto en el precio de los commodities podría sentirse rápidamente.


Además, el foco en tecnologías verdes abre oportunidades y desafíos. Chile busca posicionarse como proveedor estratégico de litio y como actor relevante en energías limpias. Las definiciones que adopte Beijing respecto a inversión en el exterior y cooperación tecnológica podrían influir en proyectos mineros, energéticos y de infraestructura en nuestro país.


Desde una perspectiva geopolítica, Chile también debe leer con atención la relación China-Estados Unidos. En un mundo más polarizado, los países medianos enfrentan presiones para alinearse. Las Dos Sesiones no resolverán esa tensión, pero entregarán señales sobre el tono y la dirección que adoptará China en los próximos años.


Lo que se decide allá, repercute aquí


Las Dos Sesiones no son solo reuniones políticas de interés interno. Son un termómetro del rumbo económico y estratégico de una potencia central en el sistema internacional.


América Latina no puede observar estos debates como un actor periférico. Su relación con China ya es estructural: comercio, inversión, financiamiento, tecnología y cooperación atraviesan prácticamente todos los sectores estratégicos de la región.


La verdadera pregunta no es qué hará China en marzo, sino qué hará América Latina, y Chile, frente a lo que China decida.

 


 

 

 

 

 

 

 

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