La sinología latinoamericana debe acercarse a la ciudadanía y salir de las Universidades
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El conocimiento especializado sobre China necesita ampliar su presencia y llegar a los medios de comunicación, las escuelas, las empresas, el Estado y la sociedad mediante un lenguaje riguroso, claro y comprensible.
Por Fabián Pizarro Arcos, Director de Descubriendo China y Secretario General del Consejo chileno de Sinología
Durante décadas, gran parte del conocimiento latinoamericano sobre China se ha desarrollado dentro de universidades, institutos y centros de estudios. Gracias a ese trabajo, nuestra región cuenta con investigadores, historiadores, politólogos, economistas y especialistas capaces de analizar con profundidad una civilización milenaria y un país fundamental para comprender las transformaciones del siglo XXI.

Ese aporte académico es imprescindible, pero hoy necesita alcanzar nuevos espacios.
La sinología latinoamericana debe acercarse a la ciudadanía. No se trata de abandonar las universidades ni de reemplazar la investigación rigurosa por interpretaciones superficiales. El desafío es ampliar su influencia y conseguir que el conocimiento sobre China llegue también a los medios de comunicación, las escuelas, las empresas, el Estado y la vida cotidiana de las personas.
China ya no es una realidad lejana para América Latina ni para Chile. Es uno de los principales socios comerciales de numerosos países de la región, una potencia tecnológica y un actor relevante en la política internacional. Sus decisiones económicas repercuten en nuestras exportaciones, sus avances científicos modifican industrias y sus iniciativas diplomáticas participan en los debates sobre desarrollo, cooperación y gobernanza mundial. El mundo se está “Achinando” nos guste o no.
Pese a esta presencia, una parte importante de la ciudadanía latinoamericana todavía conoce China mediante estereotipos, noticias aisladas o interpretaciones producidas desde otras regiones. Con frecuencia hablamos del país asiático sin considerar suficientemente su historia, sus particularidades culturales ni los vínculos que ha construido con América Latina.
Ese vacío no se resuelve únicamente publicando más investigaciones. También necesitamos una labor de traducción cultural, política y periodística.
Traducir no significa solamente trasladar palabras del mandarín al español o al portugués. Significa explicar conceptos, entregar contexto y convertir conocimientos complejos en contenidos comprensibles sin sacrificar profundidad. Temas como la reforma y apertura, la prosperidad común, la revitalización rural o la modernización china deben poder ser comprendidos por personas que no han dedicado años a estudiarlos.
En este proceso, los medios de comunicación tienen una responsabilidad fundamental. China no puede aparecer en la agenda latinoamericana únicamente cuando ocurre una crisis, se anuncia una inversión o surge una controversia geopolítica. Necesitamos una cobertura permanente, profesional y contextualizada.

Informar sobre China no significa convertirse en defensor ni detractor automático de sus decisiones. Significa observar, investigar, contrastar y explicar; reconocer sus avances, examinar sus desafíos y comprender sus propuestas desde sus propios contextos, sin renunciar a la independencia periodística.
En Descubriendo China hemos sostenido que conocer es el primer paso para comprender y que comprender resulta indispensable para construir relaciones respetuosas. Durante siete años hemos trabajado para ser un puente informativo y cultural entre China y los lectores latinoamericanos. En ese mismo camino nació el pódcast China en Palabras, un esfuerzo destinado a explicar, mediante un lenguaje cercano, conceptos fundamentales de la historia, la cultura, la sociedad y la política china. Son aportes concretos para democratizar un conocimiento que hoy resulta cada vez más necesario.
Las escuelas también deben participar en este esfuerzo. Para miles de niños y jóvenes, China ya está presente en los productos tecnológicos, las cadenas comerciales, las plataformas digitales y los intercambios educativos. Conocer elementos básicos de su historia, geografía, cultura e idioma puede convertirse en una herramienta para comprender un mundo cada vez más interdependiente.
Las empresas, por su parte, necesitan entender que relacionarse con China requiere algo más que conocer precios y contratos. Demanda comprender formas de negociación, códigos culturales, estructuras institucionales y perspectivas de largo plazo. El Estado también debe fortalecer la formación de diplomáticos, funcionarios y autoridades capaces de incorporar una mirada estratégica sobre China en las políticas públicas.
La sinología que América Latina necesita debe conservar el rigor de la universidad y sumar la capacidad comunicativa del periodismo, la vocación formativa de las escuelas, la experiencia práctica de las empresas y la mirada estratégica del Estado.
Acercar China a más personas no significa promover una visión única ni pedir adhesión a su sistema político. Significa entregar herramientas para que cada ciudadano pueda formar su propia opinión con más antecedentes, menos prejuicios y una comprensión más profunda.
No se trata de hablar más a favor o en contra de China. Se trata de hablar mejor sobre China.




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